Ya cansado por la jornada laboral y persiguiendo un rato de ocio y esparcimiento me dispongo a dar una vuelta por los blogs que tengo destinado para ese fin, es aquí cuando llego a un blog que descubrí hace poco tiempo Hazme el chingado favor, así se llama el blog, en el cual encuentras muchas situaciones que te hacen decir la frase ‘hazme el chingado favor’, es decir el WTF en español, en fin.
Si hombres como Carlos Slim, Bill Gates o Lorenzo Zambrano tuvieran una industria
como ésta en sus manos, sinceramente no me los imagino haciendo lobbying para
invitar a más competidores, ni buscando desesperadamente con quien compartir sus
ganancias.
Ahora bien: ¿Qué hace con nuestra industria esta reforma? Veamos.
Uno. Reduce las barreras de entrada para nuevos jugadores, en el upstream, o río arriba; y en el downstream, o río abajo, las desaparece por completo al privatizar la refinación
y la distribución de hidrocarburos.
Dos. Otorga mayor poder de negociación a los proveedores. La llamada “certeza
jurídica” les permitirá participar en la exploración, producción, refinación y distribución, (es decir, en prácticamente toda la cadena), por lo que afianzarán su presencia e influencia en nuestro país. No será difícil imaginar a estos poderosos proveedores internacionales recurriendo a prácticas oligopólicas con acuerdos en precio o repartición de proyectos, lo que incrementará su poder de negociación ante PEMEX. Es de esperarse también que, con las nuevas refinerías privadas, más del 50% de nuestra
gasolina se empiece a procesar bajo este esquema. El poder del proveedor (en su rol de maquilador) crecerá enormemente por esta capacidad de producción tan considerable.
Tres. También aumenta el poder de los compradores, ya que los refinadores habrán de constituir un oligopsonio (es decir un mercado con pocos compradores poderosos) del
petróleo vendido domésticamente. Además, no queda claro, si dichas refinerías podrán también refinar petróleo proveniente de otros países, como medida de presión para negociar ante PEMEX condiciones contractuales más favorables para ellos.
Cuatro. Generará rivalidad competitiva respecto a PEMEX, particularmente en
refinación, transporte y distribución. Quizá esto no ocurra mientras la Comisión Reguladora de Energía regule los precios, pero sí una vez que se declaren condiciones de “competencia efectiva”, donde la empresa mexicana sería fácilmente desplazada por su larga historia de inanición financiara que le ha impedido su modernización.
Cinco. En lo tocante a bienes y servicios substitutos, el impacto de la reforma no se
daría por el lado de fuentes alternativas de energía. Sin embargo, sí podría facilitar la introducción de sustitutos si las refinerías privadas pudieran importar petróleo de BP, Shell, Exxon o PDVESA, que sí es intercambiable con respecto al nuestro. No parece ser ésta la reconversión industrial que convenga a los mexicanos. La reforma no garantiza mayor rentabilidad para quienes participamos ya en esta industria. En todo caso, el análisis industrial académico, serio y objetivo apunta hacia lo contrario. Y dado que las modificaciones a los órganos reguladores de área energética están alineadas a esta nueva visión de la industria, una industria con intensa participación de agentes privados, nacionales y extranjeros, se puede concluir que tampoco producen avances desde la perspectiva de los mexicanos.
¿Necesitamos una reforma petrolera? Por supuesto que sí; y de manera impostergable. Pero la solución no está en rediseñar reglas del juego, instituciones y órganos reguladores que terminen por arrojar una industria menos favorable para los nacionales de este país.
El problema está en el funcionamiento de la empresa que opera dentro de esa industria y
en su relación con el gobierno…
Aunque al final del día la reforma que se apruebe no necesitará argumentos a favor y bastará que tan buen premio se les pasa a los Senadores de distintos partidos para ir a alzar su mano. Que triste situación.
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